• Diego Maenza

Actualizado: 22 de oct de 2020


Si el autor que conocemos como Homero no se atrevió a retratar la relación amorosa entre el héroe Aquiles y su combatiente Patroclo, Esquilo en su tragedia Los Mirmidones enfatiza el afecto de los guerreros que desemboca en tragedia. De carácter menos infausto, aunque no exento de dramatismo, en el Satiricón, atribuido polémicamente a Petronio, se configura el enredado triángulo de atracción homoerótica entre los jóvenes Encolpio, Ascilto y Gitón, asediados por la pasión y la marginalidad. Esa misma marginalidad, rechazo social e inaceptación se constata en las páginas de El beso de la mujer araña de Manuel Puig, o en testimonios más cercanos y personales como Antes que anochezca de Reinaldo Arenas, donde dimensionamos la realidad del desprecio social, político y los lados escabrosos y heroicos de quienes padecen la enfermedad del SIDA.

Javier Ángel en ¿Qué pasó con Lumerso?, se atreve a encarar un tema de por sí complejo. Y lo aborda con maestría al salir bien librado en su batalla literaria. Su voz narrativa no elude ni maquilla el comportamiento de sus personajes, dibujándolos con sus ángulos luminosos y oscuros, porque la vida no es una presentación de formas, sino un contraste de fondo. Javier Ángel asume la historia con una naturalidad envolvente que nos acerca al crudo drama de Lumerso, ese personaje de nombre tan intrigante como su vida misma. Lumerso descubre su homosexualidad desde muy temprana edad, y pese a que pretende asumirla, los condicionantes familiares y de su entorno social lo predispondrán para huir de su aceptación. Escapa de casa, como una forma simbólica de escapar de sus tormentos íntimos.

Lumerso padecerá la vida de la calle y el descubrimiento de un mundo a la vez atractivo y asfixiante, donde las normas de las convivencias hostiles, los amores no correspondidos y la prostitución, estarán a la orden del día.

Narrada a varios tiempos y rompiendo con la linealidad soporífera de las narraciones contemporáneas, Javier Ángel en ¿Qué pasó con Lumerso? nos conduce sin resguardo alguno por ese submundo de locales clandestinos donde se imparte sexo y placer a cambio de un poco de dinero para la subsistencia, a la vez que nos toma cariñosamente y nos enseña el mundo interior de un joven que se abre a su homosexualidad, sin victimización ni heroísmo, sino como un humano más que debe padecer con llaneza la incomprensión de un mundo que aún no se encuentra apto para despojarse de prejuicios.

Asediado por la pobreza y el rechazo, Lumerso tocará fondo al derivar sus ocasionales servicios sexuales hacia los límites del sadomasoquismo, las drogas y la clandestinidad.

Desde su adolescencia, Lumerso ve invadida su intimidad, no solo por el acoso psicológico de sus familiares cuando escudriñan su diario, no solo por los comentarios maledicentes de su entorno, sino también de forma física cuando es abusado por una manada de adolescentes. Alentado por una abuelita nada conservadora y que acepta a Lumerso como es, y que lo impulsa a reconocerse en su homosexualidad, el joven vivirá momentos gratos y de sentimientos, pero también padecerá el dolor, el abuso y la explotación, hasta llegar a descubrirse en el padecimiento de una terrible enfermedad, tomado de la mano de quien cree que será la persona con la que formalizará su vida, y que no admitirá el peso tangible de la realidad.

Si buscáramos referentes en el cine, de seguro ahí estará Secreto en la montaña de Ang Lee, por la incomprensión de su entorno y la vitalidad e interioridad de sus personajes; ahí estará Irreversible de Gaspar Noé, con sus habitáculos y antros clandestinos en los cuales Lumerso se hunde; la exploración de la sexualidad como en Los perros no llevan pantalones de Valkeapää o Maîtresse” (conocida como “Amante, querida, puta”) del genial Barbet Schroeder.

¿Qué pasó con Lumerso? es una invitación a descubrir ese lado de individualidad que nos acoquina porque desconocemos, pero que también es doloroso y fascinante, y por lo mismo muy humano, tan humano que no estará exento de pequeños momentos que nos roben un gesto de regocijo, pero también de muchos instantes de asombro, dolor y extrañeza, en un mundo que no se rige por el binarismo de la sexualidad conservadora sino que explora con frontalidad y agudeza los contornos de la vida homosexual como una constatación de las realidades presentes, de sus padecimientos, placeres intensos y, por supuesto, de las alegrías más simples y cotidianas.

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Mi invitada de hoy es Tanya Tynjälä, escritora peruana radicada en Finlandia, con estudios de francés en la Universidad Stendhal, Grenoble 3 y de lengua y literatura francesa en la Universidad de Helsinki. Tanya Tynjälä ha dirigido diferentes suplementos culturales. Artículos y cuentos de su autoría han sido publicados en diversos medios especializados. Parte de su obra literaria ha sido traducida al francés, inglés, finés, búlgaro y hebreo. Forma parte de la Asociación de escritores de Helsinki, de la Asociación de escritores de Ciencia Ficción de Finlandia y de la Asociación Canadiense de Hispanistas. Ha publicado los libros La ciudad de los nictálopes, Cuentos de la Princesa Malva, Lectora de sueños y Sum. Algunos de sus cuentos constan en varias antologías. A mediados de septiembre contacté a Tanya y le propuse esta entrevista. Este es el resultado. Bienvenidos.

Te desempeñas como escritora, promotora cultural y traductora. ¿Qué implica todo este trabajo en la vida de Tanya Tynjälä?

Mucha organización. Por suerte soy muy disciplinada y además puedo hacer varias cosas al mismo tiempo. Yo diría que además me gusta tener mucho que hacer. Tengo que priorizar y respetar las fechas finales.

Resides fuera de América, y no obstante el grueso de tu trabajo de labor creativa y de difusión siempre ha estado enfocado y vinculado al quehacer literario latinoamericano. Háblanos de esta experiencia.

Esto responde a mis objetivos de mercado.

No le gusta mucho a los finlandeses cuando lo digo, pero el mercado finlandés no es mi objetivo principal. Es un mercado muy pequeño.

Estoy más interesada en ingresar al mercado de habla inglesa. Este año saldrá una antología en inglés con un cuento mío. Veremos que más resulta. Trabajar en un país pero promover lo que haces en otro(s), implica mucho trabajo de contactos y de mantenerte activa. No es fácil, pero por suerte ahora las redes sociales lo permiten.

Tus primeros libros, acogidos por la casa editorial Norma, fueron publicados en catálogos dirigidos a lectores infantiles; no obstante, el paso del tiempo ha demostrado que soportan otras lecturas. ¿Crees en estas categorizaciones para tus obras?

La verdad es que no. Y te puedo asegurar que los editores tampoco. Cuando publiqué mi primer libro en NORMA, el propio editor me dijo que no lo consideraba literatura juvenil, pero era una época en que el género no era bien recibido y él sabía que si lo publicaba para adultos, nadie lo tomaría en serio. Me gusta creer que en algo ayudé a que el género sea más popular en América Latina. Dicho esto, tampoco es que me molesta que me lean niños. Encuentro que son un público muy exigente.

Además como lo que escribo trata siempre de romper estereotipos, pues también me gusta creer que estoy formando un futuro más crítico con la sociedad.

Justo una vez en NORMA una editora me comentó que una profesora le dijo que le gustó la Ciudad de los Nictálopes, pero que tenía miedo de hacerlo leer a sus alumnos pues sentía que le iban a hacer una revolución. Yo le contesté que esa profesora había entendido exactamente de qué se trataba mi libro.


Has trabajado la fantasía y la ciencia ficción. A tu opinión, ¿por qué es importante continuar leyendo este tipo de historias?

Porque te abre la mente, porque te permite metaforizar realidades y así puedes ponerte en la piel de la otredad.

Parte de tu obra ha sido traducida a otros idiomas. ¿De qué manera influye en tu experiencia como autora?

Te muestra que vas por buen camino, que estás dejando tu huella. Te incentiva a continuar.

También has escrito minificción. ¿Podrías identificar las ventajas e inconvenientes de este género?

No veo ningún inconveniente. Solo ventajas. La verdad es que empecé con microficción en una época en la que ni se pensaba en publicar. Es la microficción la que me enseñó a escribir. Me sentí muy contenta cuando finalmente se publicaron parte de mis microficciones, sobre todo porque son esas primeras que escribí. Algunas inclusive durante la adolescencia.

¿Cuáles consideras que son tus influencias?

Papá Bradbury y en estos momentos el Finnish Weird. En cuanto a mi manera de redactar, narradores franceses como Maupassant, por ejemplo.

¿Cómo ves el actual panorama literario en América Latina?

Fabuloso. Me encanta que finalmente se le dé al genero el lugar que se merece. Cuando empecé recuerdo a un escritor maistream que me preguntó por qué escribía subliteratura… años después él escribió un libro de vampiros.

¿Qué libros o autores nos recomiendas?

Papá Bradbury por supuesto, especialmente las Crónicas Marcianas. De los más cercanos, me encanta lo que escribe Daína Chaviano, Johanna Sinisalo, Anne Leinonen… Les recomiendo los libros que mujeres que están publicando Cristina Jurado y Lola Robles (Insólitas, en especial)… es difícil, hay tanto bueno que leer.

¿En qué proyectos te encuentras trabajando en la actualidad?

No me gusta hablar de mis proyectos, así que solo diré que me encuentro escribiendo para algunas antologías y trabajando en la traducción de un libro mío.


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Noël Vicens Boileau nació en Canadá y en la actualidad se desempeña como profesor de filosofía en Mallorca, Islas Baleares. Su formación académica siempre ha girado en torno a esta disciplina, revalorizando la obra de Nietzsche y Ortega y Gasset. En 2019, la editorial española Alféizar publicó su ópera prima A-tópos, una novela distópica. A inicios de septiembre contacté con el autor y me concedió la presente entrevista.

Podrá sonarte como una pregunta básica, pero la considero necesaria. ¿Qué significa la escritura para Noël Vicens Boileau?

Es una pregunta muy pertinente, ¿por qué razón dedicar tanto tiempo a una actividad en concreto? La escritura y la lectura han sido parte de mi vida desde muy pequeño. Sentía gran admiración hacia los libros y veneraba a los autores que eran capaces de engancharme a una buena historia. Siempre pensé que yo también lo podía hacer, y así ha sido. Mal que bien, puedo decir que soy autor de un libro.

Entonces, para mí, la escritura supone, mi herramienta de trabajo; soy profesor. Muy útil para poder ordenar mis ideas; estudié Filosofía. Y, finalmente, un entretenimiento que me divierte y veo que gusta a otros.


Háblanos de A-tópos. ¿Cómo fue concebida la historia?

Pues, A-tópos se concibió en una clase de Filosofía Política en la universidad cuando el profesor explicaba el concepto de superestructura en el pensamiento de Marx. Era un momento de mucho revuelo social en España, el 15M de 2011, y me pregunté qué sucedería si apareciera un líder que fuera capaz de capitanear toda aquella masa de “indignados”, tal y como se hicieron llamar. Junté ambas cosas y como resultado apareció esta ficción distópica que es A-tópos.

Como tardé 4 años en escribir la novela, desde el 2015 hasta el 2019, pude observar que había ciertos patrones que se repetían a lo largo del mundo en cuanto a manifestaciones y revueltas sociales. Eso me dio la idea de la indefinición en la novela, A-tópos, viene del griego clásico y significa no-lugar. Es decir, todo lo que sucede en la novela podría pasar en cualquier momento y en cualquier lugar.

Gerard, el protagonista de A-tópos, es un inconforme. Escribe un panfleto en contra de un sistema represor e inmediatamente siente el peso del régimen. ¿Crees que existe esperanza en el enfrentamiento del ciudadano común contra gobiernos cada día más controladores?

La ficción es la ficción, ahí hay cabida para imaginar un gobierno tiránico y totalmente desvinculado del pueblo que gobierna; no debemos olvidar que en mayor o en menor medida, la democracia es la forma de gobierno más extendida en el mundo. Ahora bien, cabe decir que depende de cada uno de nosotros, como ciudadanos, que seamos parte activa del devenir político para poder llevar a cabo un control efectivo del gobierno. Éste, está a nuestro servicio, no lo olvidemos.

El control ha cambiado, ahora somos nosotros mismos que damos acceso sin preocupación alguna a toda nuestra información e intimidad. El teléfono móvil, celular para nuestros hermanos del otro lado del Atlántico, sabe más de nosotros mismos que nosotros mismos. Ahí es donde entra A-tópos, se denuncia que existe un poder en la sombra que maneja los hilos tras el gobierno; ese poder se traduce en los lobbies de presión en el mundo real. No obstante, en la ficción tienen más fuerza todavía.

¿Constituye la literatura un mecanismo para explorar la realidad sin intentar modificarla, o crees, en la línea de Vásquez Montalbán, que el escritor no debe ser ajeno a sus contextos sociales y políticos?

El contexto del autor, o su circunstancia si usamos nomenclatura orteguiana, es la realidad que le envuelve y le afecta directamente. Que se escriba sobre un tema u otro, depende directamente del qué está sucediendo en el momento. La realidad nos constriñe y hace que nosotros tengamos que pensar sobre ella. Incluso aquel escritor que se centra en construir mundos propios para evadirse de su momento vital, está siendo afectado, de un modo u otro por su contexto.

Eres catedrático de Filosofía. ¿Hasta qué punto sientes presente esta disciplina en tu escritura y de qué manera se integra en tu narrativa?

Soy profesor de Filosofía en secundaria; por mis manos pasan niños de 12 años hasta 18 años. En España, la figura del catedrático de secundaria está casi desaparecida; el catedrático que yo conozco trabaja en la Universidad. Desconozco si más allá del Atlántico el concepto de catedrático tiene más acepciones.

La Filosofía es parte intrínseca de mi vida. Ha afectado tanto a mi modo de ser como con mi percepción de mi vida. La Filosofía está totalmente integrada en mi escritura en muchos aspectos. Me gustaría destacar un aspecto: la claridad. Como dijo Ortega y Gasset, la claridad es la cortesía del filósofo. Siempre he intentado cumplir con esta máxima cuando escribo y hablo.

Y en cuanto a la literatura, ¿cuáles consideras que son tus influencias?

Para la escritura de A-tópos partí de 1984 de Orwell y La rebelión de las masas de Ortega y Gasset, un autor que, como ya está quedando patente, me apasiona. A partir de ahí, amplié horizontes con clásicos como Fahrenheit 451 de Bradbury o Un mundo feliz de Huxley.

Asimismo, no solo me ha influenciado la literatura. El videojuego Half Life 2 del grupo Valve o la relación alumno-profesor que se da en la serie Breaking Bad me inspiró para la de mis protagonistas, Gerard y Marc. La escritura, como la vida, es ecléctica.

¿Qué rol desempeña la literatura en contextos de confinamiento y crisis como los actuales?

En primer lugar, entretiene. Existen infinidades de libros y son pocos los que realmente tengan un cometido que no sea el de contar una buena historia al lector y que éste se lo pase bien. Evidentemente, la lectura es un hobby que implica un nivel de concentración y actividad mayor que, por ejemplo, mirar la televisión. Así que la literatura, además de entretener, da pie a pensar. Pone en marcha los engranajes de la cabeza para que se dé lugar a la reflexión.

Cabe decir que en este contexto inimaginado como es el de una pandemia mundial, nos hemos dado cuenta que la cultura es el elemento indispensable que nos humaniza. Las cuatro paredes de mi casa se desvanecían cuando mantenía mi mente ocupada.

¿Consideras que los gobiernos durante la temporada de pandemia y confinamiento han perfeccionado los mecanismos de control sobre sus ciudadanos?

Es difícil saber esto. El software de reconocimiento facial chino ha avanzado una barbaridad y esto fue noticia antes de la pandemia. Creo que el mecanismo de control recae en otro lugar, no el en gobierno directamente. La patata caliente están en las empresas privadas que poseen, por ejemplo, las redes sociales. Prueba de ello es que el gobierno español, tras la liberación de la App Radar Covid en las tiendas de aplicaciones, no le ha sido suficiente para controlar la pandemia en mi país y ya está elaborando un anteproyecto de ley para poder acceder en casos puntuales a las aplicaciones de mensajería instantánea como Telegram o WhatsApp.

¿Alguna lectura que nos recomiendes?

Sin lugar a dudas recomiendo el útlimo libro que me he leído y me ha enganchado como hacía tiempo que no lo hacía ninguna novela: Reina Roja de Juan Gómez Jurado. Este autor ha conseguido mucho mejor que yo escribir una novela llena de acción, frenética y que mantiene el suspense hasta el final. La recomiendo al 100 por 100.

¿Qué proyectos literarios tienes para el futuro? ¿En qué estás trabajando?

Estoy opositando para poder ser funcionario docente. Esto me está consumiendo gran parte del tiempo libre del que dispongo. Lo cual, retrasa mis proyectos literarios. Mi intención es que A-tópos sea una trilogía. El segundo libro se titulará Dis-tópos y prosigue con las aventuras de Marc, ya que su final en la primera novela es muy abierto. La tercera entrega quiero que sea algo bastante diferente a lo que he hecho hasta ahora, sigo dándole vueltas a cómo lo haré, pero ya tengo un esbozo de la trama, la cual se llevará a cabo unos 200 años después de los acontecimientos sucedidos en A-tópos; concretamente, tras una destrucción total del mundo tal y como lo conocemos. Me inspiraron las palabras de Albert Einstein cuando dijo en una entrevista que desconocía con qué armas se iba a disputar la Tercera Guerra Mundial, pero tenía claro que la cuarta sería a pedradas.


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