• Diego Maenza

¡Alabado sea Satán!


A quienes se hayan familiarizado con Sabrina, la bruja adolescente, el show televisivo de los noventa, les parecerá desconcertante que en El mundo oculto de Sabrina los personajes en demasía carismáticos y melodramáticos de otrora, hoy aparezcan envueltos por un halo de oscuridad. La magia ya no es el pretexto fácil para entretener y sacar la sonrisa cómoda sino para plantear una reflexión en torno a realidades tan crudas como actuales.

Valga aclarar, para el espectador desprevenido, que El mundo oculto de Sabrina no es una burla a las creencias, un manual de herejía o una apología al satanismo, sino una ficción construida a base de ingenio, con una esmerada calidad fotográfica y con guiones audaces, esmaltada de una capa ficcional que estimula el entretenimiento. Ha sido ideada para que la recepción vaya con destino incluso para público adolescente. El mundo oculto de Sabrina es una obra de ficción y como toda buena narrativa no adolece de la atracción a los trucos fáciles ni a la crítica descarada. Esto no invalida su naturaleza cuestionadora, que se evidencia sobre todo en los roles de los personajes protagónicos.

También hay que reparar en que tanto la serie cómica de los noventa, como la casi terrorífica de ahora, derivan de su homónima de los cómics. Entonces no habría que poner el grito en el cielo cuando descubramos la atmósfera que circunda a sus protagonistas. Al reparar en la originalidad de la obra, deberíamos expresar, en agradecimiento por esta serie peculiar, como continuamente exclama la tía Zelda cuando le ocurre alguna satisfacción: ¡Alabado sea Satán!

El mundo oculto de Sabrina no responde a un afán de reinterpretar el antiguo serial desde un espejo contradictorio y distorsionador, como el de las ferias ambulantes, sino a ser fiel al universo mítico más cercano del que parte: el de los cómics.

Sabrina Spellman, la joven bruja, debe aprender a convivir con la dualidad que su naturaleza le aporta; mitad humana y mitad hechicera, debe reconocerse entre dos mundos, el de los humanos sencillos y comunes y el sobrenatural de poderosos brujos y despiadados demonios que pugnan para que la iniciada, en su bautismo de sangre, consigne su nombre en El libro de la Bestia y que de esta forma pase definitivamente a las filas del Señor Oscuro.

Destacan la tenaz Susie Putnam, interpretada de manera mágica por Lachlan Watson, una chica que se identifica sexualmente como no binaria, y que en la piel del personaje resalta un lado no masculino sino neutro; y el gato Salem que posee el atributo de modificar su forma al convertirse en un demonio.

Exorcismos, resurrecciones, intrépidos hechizos, enfrentamientos con criaturas de ultratumba, mantienen la candencia de cada episodio, sostenidos por diálogos agudos.

Pero no todo es oscuridad en este nuevo mundo de Sabrina, donde su generosidad reñirá por hacer prevalecer la armonía y la conciencia, y le llevará a descubrir que por muy buenas que sean nuestras intenciones siempre existirá la delgada línea que desborde hacia los infortunios y que nada, ni la magia más poderosa, blanda u oscura, pueden remediar. En fin, la lucha del bien y del mal como pretexto de todo.

Las figuras antagónicas, forjadas con el martillo de la imaginación pero matizadas con la textura de la ambigüedad de todo personaje moderno, nos llevan a indagar en sus motivaciones que derivan a veces del afán por hacer el mal pero que son descubiertas en su naturaleza contraria cuando de ayudar a los suyos se trata.

Destacan en el serial las confluencias de elementos discordantes en el natural curso de los hechos, y que algunas veces sorprenden y otras rutilan, pero que jamás perturban. Es así que desfilan ante nuestros ojos relaciones orgiásticas, personajes sexualmente ambiguos y una tendencia bien diluida por poner sobre la palestra temas de actualidad con respecto a roles de género.

Si bien las fibras de sexualidad que toca son el condimento fuerte en la trama, la presencia de la magia, del terror y de un humor oscuro y sagaz son los atenuantes para no espantar al espectador pacato.

El mundo oculto de Sabrina es una serie que nos deja con la boca abierta mientras la estatua erigida a Satanás continúa impávida en el salón de la Academia de las Artes Oscuras.

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