• Diego Maenza

Arreaza, o la construcción del Astrólogo moderno


Crónicas del triunfo de Javier Domínguez es una invitación a explorar los límites de la derrota. Con el escenario de una Venezuela que empieza a sentir síntomas de malestar, Domínguez nos conduce a una historia de abatimiento y desamor.

Arreaza, un ciudadano normal de mediana edad, es asediado por su declive económico. En medio de su desesperanza ideará las formas adecuadas para sacar adelante su economía personal, mientras sueña con un empleo de venta de aires acondicionados coreanos.

Despedido de Global Tools, una empresa que trabaja con cartera de clientes ofertando productos de construcción y afines, regresa a casa de su madre a reflexionar sobre su situación. Con varios meses caído en el desempleo, sus acreedores lo acechan y lo llaman constantemente para que honre sus deudas con los bancos.

A manera del Astrólogo, ese personaje emblemático y amoral de Roberto Arlt en Los siete locos, Arreaza buscará escabullirse entre los negocios menos previstos, mientras se debate con frialdad entre su relación con Claudia y su amorío con Belén, y a punto de caer en cuenta de que sus sueños de progreso son tan solo pequeñas burbujas que lentamente chocan contra el piso hasta reventarse y quedar en nada.

Arreaza mantiene una relación con Claudia, que luego terminará reprochándole su egoísmo, por aventurarse en lo innecesario y perder un empleo estable. Más tarde conocerá a Belén en la biblioteca de un instituto, y este encuentro inocente volcará la vida de todos.

Domínguez permuta las fechas, los años y los meses, para colocar ante el lector un escrito que sin ceder espacios al argumento fácil no peca de una complejidad abusiva. Los saltos narrativos dan vigor y espesura a la historia y sirven para reforzar lo narrado. El vaivén de fechas es un desafío placentero para el lector.

En 2008, el tiempo de Arreaza se divide entre la pérdida de su trabajo, el rompimiento con Claudia y la búsqueda de un negocio rentable, no importa a costa de qué. En 2009 es un Arreaza más relajado el que nos narra, pues posee un empleo aparentemente estable de profesor en un instituto, donde se desarrollará el noviazgo con Belén, una de sus alumnas. Las autoridades descubren el romance y penan la relación. Todo esto, con el trasfondo de una Venezuela que empieza a agonizar, con el cierre de empresas y despido de empleados.

Arreaza, poco a poco, irá construyendo su empresa personal vendiendo dólares en el mercado negro, llevando personas a Aruba o Curazao, revendiendo baratijas chinas importadas de Panamá.

Crónicas del triunfo es también una novela que muestra las crónicas del fracaso amoroso, del estrellamiento sentimental, donde Arreaza tuvo que seguir anclado a la pista de Claudia, observándola en las redes sociales, y acompañándola, lejos y en silencio, al ver cómo superaba su vida en España, terminaba su carrera, conseguía un buen trabajo, y encontraba pareja; esto y el añadido del fracaso con una Belén ya ausente.

Crónicas del triunfo está narrada a manera de diario, alterando el orden de las fechas, pero donde lo obvio será reemplazado por el asombro, y donde se agotarán las intimidades.

Amparado en los parapetos de la modernidad, donde se puede hallar el placer intelectual descargando un libro de la red, mantener un negocio solo con un teléfono con conexión a internet, y donde un gesto cortesía amorosa puede ser suplantando con el grafico pixelado de una florecita en Facebook, Crónicas del triunfo de Javier Domínguez recurre a la voz de un narrador intradiegético, una historia narrada con la misma impasibilidad de El guardián entre el centeno y similar desparpajo, y con las intenciones de superación a toda costa que evoca a Los siete locos de Roberto Arlt.

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