• Diego Maenza

Elegía a las criaturas de la noche


LA LLORONA

(Elegía a las criaturas de la noche)


Estas eran las criaturas de la noche:


Las llamaban espectros, almas en pena.

Las criaturas de la noche.


Seres fantasmales, dioses de ultratumba.

Las criaturas de la noche.


Apariciones, visiones errantes.

Las criaturas de la noche.


Espíritus malignos, espantos.

Las criaturas de la noche.


Se las podía invocar y acudían.

Las llamaban las criaturas de la noche.


*


Acciones de las criaturas de la noche entre los hombres:


Eran diosas y demonios

que proclamaban su presencia con gemidos.

Bajo sus faldas se escondían el hambre y el fenecimiento,

el pecado, la lujuria, los llantos del inframundo.


Sus cráneos despellejados estaban traspasados por gusanos.

Los pozos de los ojos refulgían en un bermellón de locura.

Eran de cabellera negra y de piel color muerte.

Eran acusadas de infanticidio y lloraban cual plañideras.

Recorrían lagunas y llanos, valles y montañas

en la búsqueda de osamentas.

Acabaría el lamento al reunir los residuos de sus vástagos.

¡Ay, sus hijos! ¡Ay, sus hijos!


Antes de enloquecer ellas visitaron América.

Nunca recordaron en qué países fueron fecundadas.

Jamás advirtieron bajo la luz de qué ciudades nacieron sus hijos.

No lograron memorar en cuántos ríos ahogaron a su descendencia.

¡Ay, sus hijos! ¡Ay, sus hijos!


Desde aquellas tardes frecuentaron las piletas y fuentes,

los ríos, lagos, y estanques, los estuarios y los charcos.

Siempre anduvieron con sus atuendos blancos.

El que veía sus rostros atestiguaba que eran de caballos

y que le recorrían vientos helados que congelaban la sangre.

Retumbó el lamento por los siglos de los siglos:

¡Ay, sus hijos! ¡Ay, sus hijos!


*


Nomenclatura de las criaturas de la noche:


A la Llorona la podían invocar personas sensitivas:

el machi y el calcu, algún chamán originario.

La llamaron de mil formas y fue todas y una.

Auicanime, entre los purépechas,

Xonani Queculla, entre los zapotecos.

Cihuaóatl, entre los nahuas

(diosa mexica que emerge del lago Texcoco

para lamentarse por sus hijos).

Xtabay, entre los mayas lacandones.


En México fue llamada Malinche y Chocacíhuatl,

y merodeó por las riberas de los lagos

y los templos del valle de Anáhuac.


En Costa Rica la conocieron como Itsö

y proyectó chillidos lastimeros.


En Panamá la apodaron Tulevieja

condenada a ser fantasma

por asesinar a su hijo no deseado.


En Chile le dijeron Pucullén,

y la inculparon por arrojar a sus hijos a un río.

La vieron muchas veces en el Parque Rivera.


En Colombia la vieron con su cabellera adornada

por cocuyos y mariposas arrullando el cadáver de un bebé.

La bautizaron como María Pardo o Tarumama.


Antes de la llegada de los hombres blancos

fue llamada Sakabiali, la señora Llorona del Monte

y Wíkela, devoradora de niños.


En los llanos de Venezuela la llamaron Sayona.

En Perú cientos de veces la vieron en las chacras.

En El Salvador vagó por las calles rurales envuelta en gemidos.}


En algún río de Guatemala posiblemente ahogó a sus hijos.

En Honduras pernoctó durante años y no los encontró.

En Ecuador localizó el dedo meñique de uno de ellos:

cuando sorprendía a infantes les cortaba los dígitos.


La escucharon llorar en Puerto Rico y Argentina.

También ha sido llamada la Sedienta

Fue más antigua que el mal.


Encarnó en Medea y Lamia como atestiguan los griegos.

En la banshee como afirman los testimonios celtas.

Fue más antigua que Raquel, esposa de Jacob,

según avala la mitología cristiana.


En indonesia fue Pontianak, y conservó rasgos vampíricos.

Fue temida entre los pueblos yoruba.

En otras latitudes la llamaron la Mujer Blanca o la Mujer de Blanco.


Hoy el mundo de los humanos ya no es.

Solo existen las criaturas de la noche.

Los filósofos acabaron con los mitos y se sintieron demonios.

Los poetas acabaron con la filosofía y se sintieron dioses.

Los dioses aunaron filosofía y poesía y se sintieron humanos.

Los humanos acabaron con la filosofía, la poesía y los mitos

y se convirtieron en nada.

Solo un eco retumba en las laderas siderales:

¡Ay, mis hijos! ¡Ay, mis hijos!



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