• Diego Maenza

Manuel Pérez Recio: “No hay mejor escuela de estilo que leer a los grandes autores”


Imagen promocional de los títulos del autor, disponibles desde su página web www.manuelperezrecio.com.

Manuel Pérez Recio nació en Valencia, España, en 1970. Es autor de Hasta que la muerte nos separe (un libro de relatos que giran en torno a la figura de la muerte), una novela de viajes y aventuras, titulada Cuyabeno ambientada en la selva amazónica ecuatoriana, una novela corta distópica (Aguanegra) que se desarrolla en el medievo (con un brutal y polémico giro argumental), una trilogía negra detectivesca (Primavera en Ítaca, El largo invierno del corazón y La canción del nómada) y dos novelas históricas ambientadas en la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, respectivamente, tituladas Piel de lobo y La memoria de las nueces. A inicios de abril contacté con el autor y le propuse esta entrevista. Bienvenidas, bienvenidos.

Cuéntanos sobre tu acercamiento a la literatura. ¿Sientes que existió un momento en el que dijiste quiero dedicarme a escribir?

En realidad, no fue fruto de una catarsis o revelación. Podría decirse que realicé el paso a la escritura de forma natural, tras dedicarme al cómic y la ilustración comercial durante unos años (en mis ratos libres, por supuesto). Hasta entonces colaboraba con guionistas, pero empecé a crear mis propios diálogos para los personajes que dibujaba. Ahí me di cuenta de que me gustaba tanto dibujar como escribir.


Tus obras han sido trabajadas en varios registros. ¿Cómo asumes al momento de escribir el manejo de los géneros entendidos como lo policiaco, lo histórico, incluso lo fantástico?

He leído mucho, de todo, siempre por placer. Y es que no hay mejor escuela de estilo que leer a los grandes autores. Para mí, la novela negra es divertida, desengrasante para la mente, y me permite dar rienda suelta a mis instintos primarios. Escribo género fantástico cuando necesito evadirme de la realidad. E histórico porque me apasiona la labor de documentación, investigación... y porque aprendo mucho mientras doy forma a la narración. Creo que eso es lo que más me estimula.

En Aguanegra exploras el cruce de la fantasía y ciertos toques de ciencia ficción con un escenario medieval como telón de fondo. ¿Crees que la exploración de la imaginación resalte de mejor manera ciertos detalles de la realidad que una narrativa realista a rajatabla no lo haría? Acudes a la fantasía. ¿Por qué en esta obra sí y en tus siguientes libros no?

La realidad supera la ficción. No es necesario recurrir a la fantasía para describir situaciones surrealistas, pero sí es un ejercicio saludable de creatividad. Y me gusta explorar todos los terrenos. En Aguanegra combiné los dos estilos, sé que fue una apuesta arriesgada, a unos lectores les encanta y otros me recriminan el salto temporal y un desenlace tan apocalíptico. Sin embargo, su lectura no deja indiferente y da que pensar, que era uno de mis objetivos.

Cuyabeno es un libro de exploración, una crónica novelada. Narras un periplo por la Amazonía ecuatoriana, concretamente en Sucumbíos. ¿Podrías comentarnos acerca de esta experiencia?

Fue mi primera novela. Y no iba enfocada al público en general. La escribí para no olvidar las experiencias que viví en ese viaje, si bien introduje algunos elementos de ficción para dar mejor forma al relato. Durante una década estuve viajando en plan mochilero (low cost), usando los períodos vacacionales, sobre todo por Suramérica. Me encanta la aventura y la naturaleza, todo lo relativo a la supervivencia (de lo que aprendí mucho en mi etapa como militar profesional), descubrir otras culturas y compartir sin miedo ni prejuicios sus enseñanzas. Y admito que mi paso por la selva marcó un antes y un después en mi forma de ver y entender el mundo.


Tanto Primavera en Ítaca, El largo invierno del corazón y La canción del nómada tienen un componente policial muy marcado. ¿Consideras que estas obras se adscriben al género policiaco por entero o crees que también abarcan un registro mucho más amplio?

Yo las catalogaría de novelas detectivescas más que policíacas, ya que están narradas en primera persona por su protagonista, el proceloso detective Dani Franco. Los casos se desarrollan en ambientes sórdidos, oscuros, y en todos ellos hay un residuo de denuncia social. Hablo de prostitución, drogas, secuestros…, ahondo en las miserias humanas y busco justicia o redención para los personajes que aparecen en ellas. Así que, efectivamente, son algo más que simples relatos policíacos.

En paralelo a tus novelas, también te has desenvuelto en el relato corto. Has escrito Hasta que la muerte nos separe. ¿Cuáles entiendes que son las diferencias más marcadas entre ambos géneros (cuento y novela) y las ventajas y contratiempos al escribir tanto narrativa corta como de largo aliento?

El relato es la condensación de una idea, y requiere de un corte preciso y meticuloso. La novela es elaboración, detalle y desarrollo. La principal diferencia entre ambos estilos radica en la forma.

Para mí, una novela requiere de mucha paciencia y un tratamiento mucho más elaborado, ya que debe entretener, resultar interesante y a la par mantener en vilo al lector. Es un proceso que acometo sin prisa. El relato corto es más visceral. Hay que tener muy claro el mensaje a trasmitir, y hacerlo sin ambages ni disimulos, pero buscando la sorpresa final o el giro que dé sentido a cada párrafo, porque el propósito es muy claro: contar en pocas palabras una historia que revuelva por dentro, que perdure en tu pensamiento y no se desvanezca al pasar la página.

¿Cuáles sientes que fueron los escritores que te marcaron?

Por estilos, al principio fueron Poe, Lovecraft, Kafka… A los que conocí a través de las novelas gráficas y adaptaciones al cómic. Luego está Miguel Delibes, con el que me inicié a la lectura. Y por supuesto Vázquez Figueroa, cuyas novelas de aventuras y desventuras disfruté mucho en la juventud. También me gusta cómo se desenvuelve Pérez Reverte, Vargas Llosa, Allende, Eduardo Mendoza...


¿Qué lecturas frecuentas en la actualidad?

Siempre tengo un par de libros en la mesita de noche. Cabaret Pompeya es de los últimos que he leído. Y ahora estoy con La cirujana de Palma, de Lea Vélez; una novela interesante ambientada en el siglo XIX.

Autores (noveles o consagrados) que recomiendes. ¿Por qué?

Respecto a los consagrados, los que he mencionado ya. Y si debo recomendar nuevos autores, serían el murciano Antonio Parra (especialista en novela negra), a quien conocí hace años en una entrega de premios literarios, y a Sergio Allepuz (por su divertida novela corta El prado verde de Jay McKay), con el que también coincidí en un certamen en el que ambos fuimos galardonados.


¿Cuáles son tus proyectos literarios futuros?

Acabo de terminar una novela histórica ambientada en la España de la posguerra y la Segunda Guerra Mundial, La memoria de las nueces, que me ha llevado dos años. Y ahora estoy inmerso en su lanzamiento. Es mi octava obra. La próxima está por determinar, aunque ya barajo un par de ideas.

Ha sido un gusto, Manuel.

El placer ha sido mío. Me han gustado las preguntas y el formato de la entrevista. Gracias por tu interés. Hasta pronto. ¡Nos leemos!

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