• Diego Maenza

Muertes en el archipiélago de Alaska

Actualizado: 5 de mar de 2019

Enmarcado en el contexto de las nuevas tecnologías y las formas de acceder a contenidos literarios (libros electrónicos, audiolibros) quiero destacar Kodiak, la audioserie del escritor César Pérez Gellida.

De temática sombría y adosada a un ambiente detectivesco, Kodiak es una serie de negras pasiones, de venganzas que sorprenden y de comportamientos abyectos.

Sus personajes hablan a través de acciones siniestras vinculadas a la sed de supervivencia, al sexo, al poder y a la muerte. Eros, Tánatos y Mammón, siguiendo los postulados propuestos por Ana María Ornelas.

Kodiak, una isla de Alaska, es el escenario de diversos asesinatos que destaparán una naciente red de prostitución infantil. Añádase a esto la lucha intestina de una familia por controlar una empresa petrolera, una jovenzuela con evidentes problemas psicológicos y una sobrecogedora leyenda aborigen, y se tendrá la mezcla precisa para no despegarse los auriculares de nuestros órganos de audición.

No obstante, hay que advertir al lector-oyente, que también hay que reparar en los pequeños desniveles que manchan a la serie con atributos de artificio y afectación, como ciertos diálogos ramplones y una marcada tendencia hacia los giros argumentales bruscos, así como el derroche abusivo e innecesario de adjetivos y adverbios, pero que son de cierto modo compresibles en el género al que se adhiere la historia y en la intención de entretenimiento en la que se perfila. Perdonados estos pecados, la serie es de un atractivo inusual. El formato es inquietante y cautivador, porque si bien la historia se narra como una novela que ha sido estructurada por capítulos parejos en extensión, la normativa del narrador debe aclimatarse al modelo en que se difunde, pensado para escuchar, para leer a través del oído (valga aquí la figura sinestésica). Tal como una obra teatral debe marcar ciertas pautas de ejecución al ser escrita, el narrador de la audioserie debe tomar los respiros adecuados para que quien narre deposite en el oyente toda la sutileza que se requiere para no perderse en la trama, explicar de manera correcta la historia e impactar al lector-oyente. Y lograr que el narrador lo consiga, es un gran desafío para el escritor.

Destaco además las voces de los intérpretes, que marcan el ritmo de la trama con una cadencia que atrapa y con las entonaciones adecuadas. La producción de la audioserie es impecable y es un valor añadido a rescatar, tanto por su calidad como por las particularidades artísticas de las voces.

Kodiak definitivamente no está destinada para convertirse en un clásico, pero vale la pena sumergirse en una historia de trama, bien construida, llevada con paciencia y que ha optado por elegir con pericia para atrapar al oyente ciertos trucos del narrar (aunque sea inevitable que a veces notemos de forma muy evidente las tretas del prestidigitador).

¿Recomiendo Kodiak? Sí. Sostiene una historia apasionante, entretenida y lo más importante, que toca temas de los que a veces preferimos desviar la mirada.

Le doy una valoración positiva por el atrevimiento de abordar temáticas complejas.

Conozcan la historia de un oso asesino de humanos, de pederastas más hambrientos que los osos, de violencia, sexo y muerte, atributos que hacen de Kodiak, lo remarco, una historia atractiva.


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