• Diego Maenza

¿Qué pasó con Lumerso?

Actualizado: oct 22


Si el autor que conocemos como Homero no se atrevió a retratar la relación amorosa entre el héroe Aquiles y su combatiente Patroclo, Esquilo en su tragedia Los Mirmidones enfatiza el afecto de los guerreros que desemboca en tragedia. De carácter menos infausto, aunque no exento de dramatismo, en el Satiricón, atribuido polémicamente a Petronio, se configura el enredado triángulo de atracción homoerótica entre los jóvenes Encolpio, Ascilto y Gitón, asediados por la pasión y la marginalidad. Esa misma marginalidad, rechazo social e inaceptación se constata en las páginas de El beso de la mujer araña de Manuel Puig, o en testimonios más cercanos y personales como Antes que anochezca de Reinaldo Arenas, donde dimensionamos la realidad del desprecio social, político y los lados escabrosos y heroicos de quienes padecen la enfermedad del SIDA.

Javier Ángel en ¿Qué pasó con Lumerso?, se atreve a encarar un tema de por sí complejo. Y lo aborda con maestría al salir bien librado en su batalla literaria. Su voz narrativa no elude ni maquilla el comportamiento de sus personajes, dibujándolos con sus ángulos luminosos y oscuros, porque la vida no es una presentación de formas, sino un contraste de fondo. Javier Ángel asume la historia con una naturalidad envolvente que nos acerca al crudo drama de Lumerso, ese personaje de nombre tan intrigante como su vida misma. Lumerso descubre su homosexualidad desde muy temprana edad, y pese a que pretende asumirla, los condicionantes familiares y de su entorno social lo predispondrán para huir de su aceptación. Escapa de casa, como una forma simbólica de escapar de sus tormentos íntimos.

Lumerso padecerá la vida de la calle y el descubrimiento de un mundo a la vez atractivo y asfixiante, donde las normas de las convivencias hostiles, los amores no correspondidos y la prostitución, estarán a la orden del día.

Narrada a varios tiempos y rompiendo con la linealidad soporífera de las narraciones contemporáneas, Javier Ángel en ¿Qué pasó con Lumerso? nos conduce sin resguardo alguno por ese submundo de locales clandestinos donde se imparte sexo y placer a cambio de un poco de dinero para la subsistencia, a la vez que nos toma cariñosamente y nos enseña el mundo interior de un joven que se abre a su homosexualidad, sin victimización ni heroísmo, sino como un humano más que debe padecer con llaneza la incomprensión de un mundo que aún no se encuentra apto para despojarse de prejuicios.

Asediado por la pobreza y el rechazo, Lumerso tocará fondo al derivar sus ocasionales servicios sexuales hacia los límites del sadomasoquismo, las drogas y la clandestinidad.

Desde su adolescencia, Lumerso ve invadida su intimidad, no solo por el acoso psicológico de sus familiares cuando escudriñan su diario, no solo por los comentarios maledicentes de su entorno, sino también de forma física cuando es abusado por una manada de adolescentes. Alentado por una abuelita nada conservadora y que acepta a Lumerso como es, y que lo impulsa a reconocerse en su homosexualidad, el joven vivirá momentos gratos y de sentimientos, pero también padecerá el dolor, el abuso y la explotación, hasta llegar a descubrirse en el padecimiento de una terrible enfermedad, tomado de la mano de quien cree que será la persona con la que formalizará su vida, y que no admitirá el peso tangible de la realidad.

Si buscáramos referentes en el cine, de seguro ahí estará Secreto en la montaña de Ang Lee, por la incomprensión de su entorno y la vitalidad e interioridad de sus personajes; ahí estará Irreversible de Gaspar Noé, con sus habitáculos y antros clandestinos en los cuales Lumerso se hunde; la exploración de la sexualidad como en Los perros no llevan pantalones de Valkeapää o Maîtresse” (conocida como “Amante, querida, puta”) del genial Barbet Schroeder.

¿Qué pasó con Lumerso? es una invitación a descubrir ese lado de individualidad que nos acoquina porque desconocemos, pero que también es doloroso y fascinante, y por lo mismo muy humano, tan humano que no estará exento de pequeños momentos que nos roben un gesto de regocijo, pero también de muchos instantes de asombro, dolor y extrañeza, en un mundo que no se rige por el binarismo de la sexualidad conservadora sino que explora con frontalidad y agudeza los contornos de la vida homosexual como una constatación de las realidades presentes, de sus padecimientos, placeres intensos y, por supuesto, de las alegrías más simples y cotidianas.

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