• Diego Maenza

Trenes en las nubes

Actualizado: 15 de dic de 2018

Existen los escritores que recorren mundo y que plasman sus vivencias en nutridos libros de viajes; existen otros, que a pesar de sus interesantes movimientos a través de geografías optan por el exilio interior y narran su caos interno; y existen los radicales y locos que a través de la imaginación nos obligan a despegar de la comodidad de nuestros asientos y nos llevan a parajes insólitos.

En Crow, novela de Luis Alberto Bravo, destaca una estructura sólida, alimentada por variados procedimientos narrativos que confluyen en un amplio despliegue de talento, pero sobre todo despunta la imaginación como arma suprema del escritor.

En una época en que la literatura testimonial retoma un auge redundante, libros como Crow de Bravo no solo son necesarios sino salvíficos.




En la novela destaca la imaginación. Es una oda al ingenio. A la creatividad del pintor Gonzalo Endara Crow, que supo captar los ángulos festivos de una población históricamente marginada y que siempre ha sido interpretada desde una visión de desamparo. Allí donde otros cimentaron sus discursos desde un enfoque paternalista, el pintor descubrió una población vibrante. La agudeza de Bravo sintetiza una historia de diversos calibres al dar fe de la vida y obra del pintor, sus éxitos materiales y artísticos, sus contiendas legales y sobre todo sus temas pictóricos.


La novela está formada por 6 secciones. En este pequeño viaje, a cada parte la ubicaré en un vagón. Empecemos el recorrido.


Sentimos la vibración. El tren empieza la marcha, ya lo sabemos, pero nos percatamos tarde de que el tren no avanza sobre los rieles: va volando. Nos asomamos a una ventanilla. Las nubes pasan a nuestro lado.



Vagón 1: EL HOMBRE QUE AMABA A LOS TRENES

La primera parte trabaja como una historia de espionaje, pero a la vez como un encuentro con uno como lector. El narrador a veces se dirige al lector en segunda persona, lo cual hace que de repente tambaleemos y apartemos un rato el libro al extender nuestra mirada en un horizonte inexistente. Efectivamente, el tren en el que nos hallamos ha abandonado la tierra y ahora flota dirigiéndose hacia las nubes.

Esta parte está marcada por una trama que involucra a espías rusos, pintores yugoslavos, un escritor jamaiquino (en el que nos convertiremos a la fuerza) y una chica culta que viaja sola por el mundo.


Vagón 2: LA SINCRONICIDAD AZAROSA DE LOS TRENES

La segunda parte se muestra como una colección de estampas con anécdotas de eventos insólitos y casuales que ocurren en los trenes.

A más de detallarnos la historia de la compañía que fabricó los trenes voladores, Bravo nos acerca la teoría de las sincronías, donde las aparentes casualidades quedan regidas bajo un orden misterioso y universal.



Vagón 3: EL CASO

Se plantea una biografía y una disertación crítica de la obra de Endara Crow. Pese a pretender vincularlo con ciertas tendencias internacionales o de incluirlo en alguna vanguardia, la perspectiva estilística del ecuatoriano sobrepasa hacia una propuesta muy personal. Aquí, Bravo expone el incidente presentado entre Endara Crow y sus talleristas. Lo despacha en apenas dos páginas. El caso se trata de la demanda por plagio que interpuso el pintor contra algunos de sus asistentes.

Vagón 4: CROW

Se plantea una biografía y una disertación crítica de la obra de Endara Crow. Pese a pretender vincularlo con ciertas tendencias internacionales o de incluirlo en alguna vanguardia, la perspectiva estilística del ecuatoriano sobrepasa hacia una propuesta muy personal.



Vagón 5: LA LÍNEA AZUL DEL ANDÉN

Se continúa la trama de la historia de la primera parte para recordarle al lector que sigue dentro de la novela que inició. Tan solo una página, mucho más que una vida.


Vagón 6: LA VERDADERA HISTORIA DEL CABALLO AZUL

Se entrecruzan voces de un crítico de arte, el autor, y los ex talleristas de Endara Crow, se presenta una visión pormenorizada de la crítica. Asistimos a este despliegue narrativo con la mirada suspendida como si fuésemos viajeros de un tren volador.


Nuestro corto viaje por Crow ha terminado. Estamos aterrizando y podemos sentir el resonar de las escarpias en el frenado general cuando el tren de la realidad finalmente nos hace tocar tierra. Hasta aquí llegamos. Es hora de apearnos. Nos vemos en la próxima estación.

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