Laura Echevarría nació en la Ciudad de México. Ha sido bailarina, maestra y coreógrafa de ballet. Durante los últimos años se ha dedicado a la literatura. Cursó el diplomado Laboratorio de Novela, dirigido por Celso Santajuliana, donde escribió su primera novela: El espejo, obra finalista en el VIII Concurso Internacional Contacto Latino (2020). Obtuvo el Premio Diodati 2017 por su segunda novela: Berenice, publicada en 2018 por editorial Narratio. A la fecha ha publicado varios cuentos seleccionados en diferentes antologías. Su novela El espejo, a mi parecer es una obra elegante y envolvente, escrita con una prosa que no raya en la rimbombancia ni peca de sequedad, que nos muestra que la realidad también tiene otros contornos, otros matices, otros reflejos.

A finales de septiembre contacté con la autora. Este es el resultado de nuestro ameno intercambio.

¿De qué forma llegó a la escritura Laura Echevarría?

Desde niña me encantó leer y escribía un diario, cartas, anécdotas, pensamientos, etc. Mi madre, que fue dramaturga, me insistía en que tomara la carrera de Letras, pero a mí me apasionaba la danza y a eso me dediqué. Después de que murió mi madre, decidí buscar escuelas y talleres en donde pudiera adquirir herramientas para aprender el oficio. Por esa razón le dedico a ella mi primera novela, porque siempre creyó que yo tenía facilidad para escribir.


¿Cómo fue concebida su novela El espejo?

Mi abuelo, que vivía con nosotros, era un gran contador de historias (nunca supe si ciertas o inventadas por él), y siempre en la sobremesa, nos tenía embobados a los nietos con sus relatos.

Una de esas historias es precisamente la de sus hermanas gemelas, a las que nunca conocí, pero que inspiraron la novela El espejo imaginando cómo serían sus vidas y desde luego uno de esos personajes es mi mismo abuelo.

En El espejo se maneja, en principio, un recurso proveniente del realismo mágico, me refiero a la inclusión con naturalidad de tradiciones y supersticiones (Marina lanza maldeojo; Rita lo cura); no obstante, el fluir de la narración toma otros cauces. ¿A qué responde el uso de este recurso y de qué manera asume su literatura en la configuración de un estilo propio?

En los pueblos mexicanos existen muchas leyendas y creencias sobrenaturales. Al irse Marina del pueblo a la Ciudad de México su vida se va transformando, y también la de Rita pues le falta su contrapeso. De una manera natural sus personalidades cambian. Años después se encontraran de nuevo. ¿Quién es la mala y quién la buena? Fueron mis personajes y sus historias los que me llevaron a cambiar el curso de mi narrativa.



A Marina, desde temprana edad, la atormenta el fantasma del machismo, no solo en su apartado pueblo, sino también en la ciudad. ¿Es el reflejo de una sociedad contemporánea violenta?

Así es. Quise tocar el tema del machismo y la violencia hacia las mujeres que por desgracia tanto afecta a nuestro país.


Háblenos de Berenice, su primera novela publicada, en la cual ya se dan atisbos de la mezcla entre una psicológica alterna de los personajes que invade la realidad.

Fue un experimento de mi maestro Celso Santajuliana, quien ideó, en homenaje a Lord Byron que invitó, hacía cien años, a varios escritores (entre ellos a Mary Shelley), a escribir novelas de terror en su villa Diodati. Fuimos cinco escritoras que junto con Celso, nos encerramos exclusivamente a escribir en una casa en Valle de Bravo, México. En diez días, surgieron los primeros borradores. Berenice es una amiga imaginaria de la hija de Fernanda, una escritora. Aproveché mis propias vivencias de cuando residí, de recién casada, en un edificio muy antiguo en donde sucedían cosas inexplicables.


Parte de su trabajo narrativo ha sido publicado en varias antologías. ¿Qué nos podría contar acerca de sus relatos?

Por iniciativa de una compañera surgió la idea de crear estas antologías con el sello “Mujeres que cuentan” He participado en tres de cuatro que se han publicado. En “Once mujeres que cuentan erotismo” participé con mi cuento La fuga de Misha en donde narro la historia de un pianista y de un crítico de arte que se apasiona por él. En “Mujeres de miedo que cuentan” tomé el tema de la muerte de cuna en mi cuento La hora del crepúsculo en dónde la muerte es representada por una viejecita ciega que absorbe el aliento de los recién nacidos y en “Mujeres que cuentan secretos” narro sobre un anónimo que recibe una mujer aparentemente casada y feliz en La Cuadratura del triángulo.


¿Cómo ve la actual producción literaria en México?

Muy difícil y más ahora con la pandemia. De hecho nuestra última antología estaba programada para salir en mayo, pero las imprentas han cerrado. Incluso la Feria internacional del libro de Guadalajara se canceló y ya teníamos programada la presentación de nuestra última antología.


¿Y en la literatura en español?

España es por tradición una de las más grandes poseedoras de editoriales y de importantes escritores.


Escritoras o autores que nos recomiende.

A los grandes clásicos, por supuesto. Y de los contemporáneos, a mí en lo personal y de los más recientes que he leído: Philip Roth, Toni Morrison, Elena Garro, Laura Restrepo, desde luego, los imperdible García Márquez, Saramago, Murakami, Baricco y bueno tantos otros que no terminaría nunca.

¿En qué proyectos se encuentra trabajando en la actualidad?

Actualmente estoy en la etapa más ardua de la escritura: la corrección de mi tercera novela. Cuento la historia fantástica de una mujer vieja y amargada que tiene la oportunidad de regresar en el tiempo y tomar otros caminos, las pasiones que no pudo cumplir: convertirse en una bailarina de ballet y encontrar al novio de su juventud.


Muchas gracias, Laura, por su tiempo.

Al contrario, gracias Diego por su entrevista.

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  • Diego Maenza

Actualizado: hace 4 días


Si el autor que conocemos como Homero no se atrevió a retratar la relación amorosa entre el héroe Aquiles y su combatiente Patroclo, Esquilo en su tragedia Los Mirmidones enfatiza el afecto de los guerreros que desemboca en tragedia. De carácter menos infausto, aunque no exento de dramatismo, en el Satiricón, atribuido polémicamente a Petronio, se configura el enredado triángulo de atracción homoerótica entre los jóvenes Encolpio, Ascilto y Gitón, asediados por la pasión y la marginalidad. Esa misma marginalidad, rechazo social e inaceptación se constata en las páginas de El beso de la mujer araña de Manuel Puig, o en testimonios más cercanos y personales como Antes que anochezca de Reinaldo Arenas, donde dimensionamos la realidad del desprecio social, político y los lados escabrosos y heroicos de quienes padecen la enfermedad del SIDA.

Javier Ángel en ¿Qué pasó con Lumerso?, se atreve a encarar un tema de por sí complejo. Y lo aborda con maestría al salir bien librado en su batalla literaria. Su voz narrativa no elude ni maquilla el comportamiento de sus personajes, dibujándolos con sus ángulos luminosos y oscuros, porque la vida no es una presentación de formas, sino un contraste de fondo. Javier Ángel asume la historia con una naturalidad envolvente que nos acerca al crudo drama de Lumerso, ese personaje de nombre tan intrigante como su vida misma. Lumerso descubre su homosexualidad desde muy temprana edad, y pese a que pretende asumirla, los condicionantes familiares y de su entorno social lo predispondrán para huir de su aceptación. Escapa de casa, como una forma simbólica de escapar de sus tormentos íntimos.

Lumerso padecerá la vida de la calle y el descubrimiento de un mundo a la vez atractivo y asfixiante, donde las normas de las convivencias hostiles, los amores no correspondidos y la prostitución, estarán a la orden del día.

Narrada a varios tiempos y rompiendo con la linealidad soporífera de las narraciones contemporáneas, Javier Ángel en ¿Qué pasó con Lumerso? nos conduce sin resguardo alguno por ese submundo de locales clandestinos donde se imparte sexo y placer a cambio de un poco de dinero para la subsistencia, a la vez que nos toma cariñosamente y nos enseña el mundo interior de un joven que se abre a su homosexualidad, sin victimización ni heroísmo, sino como un humano más que debe padecer con llaneza la incomprensión de un mundo que aún no se encuentra apto para despojarse de prejuicios.

Asediado por la pobreza y el rechazo, Lumerso tocará fondo al derivar sus ocasionales servicios sexuales hacia los límites del sadomasoquismo, las drogas y la clandestinidad.

Desde su adolescencia, Lumerso ve invadida su intimidad, no solo por el acoso psicológico de sus familiares cuando escudriñan su diario, no solo por los comentarios maledicentes de su entorno, sino también de forma física cuando es abusado por una manada de adolescentes. Alentado por una abuelita nada conservadora y que acepta a Lumerso como es, y que lo impulsa a reconocerse en su homosexualidad, el joven vivirá momentos gratos y de sentimientos, pero también padecerá el dolor, el abuso y la explotación, hasta llegar a descubrirse en el padecimiento de una terrible enfermedad, tomado de la mano de quien cree que será la persona con la que formalizará su vida, y que no admitirá el peso tangible de la realidad.

Si buscáramos referentes en el cine, de seguro ahí estará Secreto en la montaña de Ang Lee, por la incomprensión de su entorno y la vitalidad e interioridad de sus personajes; ahí estará Irreversible de Gaspar Noé, con sus habitáculos y antros clandestinos en los cuales Lumerso se hunde; la exploración de la sexualidad como en Los perros no llevan pantalones de Valkeapää o Maîtresse” (conocida como “Amante, querida, puta”) del genial Barbet Schroeder.

¿Qué pasó con Lumerso? es una invitación a descubrir ese lado de individualidad que nos acoquina porque desconocemos, pero que también es doloroso y fascinante, y por lo mismo muy humano, tan humano que no estará exento de pequeños momentos que nos roben un gesto de regocijo, pero también de muchos instantes de asombro, dolor y extrañeza, en un mundo que no se rige por el binarismo de la sexualidad conservadora sino que explora con frontalidad y agudeza los contornos de la vida homosexual como una constatación de las realidades presentes, de sus padecimientos, placeres intensos y, por supuesto, de las alegrías más simples y cotidianas.

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Mi invitada de hoy es Tanya Tynjälä, escritora peruana radicada en Finlandia, con estudios de francés en la Universidad Stendhal, Grenoble 3 y de lengua y literatura francesa en la Universidad de Helsinki. Tanya Tynjälä ha dirigido diferentes suplementos culturales. Artículos y cuentos de su autoría han sido publicados en diversos medios especializados. Parte de su obra literaria ha sido traducida al francés, inglés, finés, búlgaro y hebreo. Forma parte de la Asociación de escritores de Helsinki, de la Asociación de escritores de Ciencia Ficción de Finlandia y de la Asociación Canadiense de Hispanistas. Ha publicado los libros La ciudad de los nictálopes, Cuentos de la Princesa Malva, Lectora de sueños y Sum. Algunos de sus cuentos constan en varias antologías. A mediados de septiembre contacté a Tanya y le propuse esta entrevista. Este es el resultado. Bienvenidos.

Te desempeñas como escritora, promotora cultural y traductora. ¿Qué implica todo este trabajo en la vida de Tanya Tynjälä?

Mucha organización. Por suerte soy muy disciplinada y además puedo hacer varias cosas al mismo tiempo. Yo diría que además me gusta tener mucho que hacer. Tengo que priorizar y respetar las fechas finales.

Resides fuera de América, y no obstante el grueso de tu trabajo de labor creativa y de difusión siempre ha estado enfocado y vinculado al quehacer literario latinoamericano. Háblanos de esta experiencia.

Esto responde a mis objetivos de mercado.

No le gusta mucho a los finlandeses cuando lo digo, pero el mercado finlandés no es mi objetivo principal. Es un mercado muy pequeño.

Estoy más interesada en ingresar al mercado de habla inglesa. Este año saldrá una antología en inglés con un cuento mío. Veremos que más resulta. Trabajar en un país pero promover lo que haces en otro(s), implica mucho trabajo de contactos y de mantenerte activa. No es fácil, pero por suerte ahora las redes sociales lo permiten.

Tus primeros libros, acogidos por la casa editorial Norma, fueron publicados en catálogos dirigidos a lectores infantiles; no obstante, el paso del tiempo ha demostrado que soportan otras lecturas. ¿Crees en estas categorizaciones para tus obras?

La verdad es que no. Y te puedo asegurar que los editores tampoco. Cuando publiqué mi primer libro en NORMA, el propio editor me dijo que no lo consideraba literatura juvenil, pero era una época en que el género no era bien recibido y él sabía que si lo publicaba para adultos, nadie lo tomaría en serio. Me gusta creer que en algo ayudé a que el género sea más popular en América Latina. Dicho esto, tampoco es que me molesta que me lean niños. Encuentro que son un público muy exigente.

Además como lo que escribo trata siempre de romper estereotipos, pues también me gusta creer que estoy formando un futuro más crítico con la sociedad.

Justo una vez en NORMA una editora me comentó que una profesora le dijo que le gustó la Ciudad de los Nictálopes, pero que tenía miedo de hacerlo leer a sus alumnos pues sentía que le iban a hacer una revolución. Yo le contesté que esa profesora había entendido exactamente de qué se trataba mi libro.


Has trabajado la fantasía y la ciencia ficción. A tu opinión, ¿por qué es importante continuar leyendo este tipo de historias?

Porque te abre la mente, porque te permite metaforizar realidades y así puedes ponerte en la piel de la otredad.

Parte de tu obra ha sido traducida a otros idiomas. ¿De qué manera influye en tu experiencia como autora?

Te muestra que vas por buen camino, que estás dejando tu huella. Te incentiva a continuar.

También has escrito minificción. ¿Podrías identificar las ventajas e inconvenientes de este género?

No veo ningún inconveniente. Solo ventajas. La verdad es que empecé con microficción en una época en la que ni se pensaba en publicar. Es la microficción la que me enseñó a escribir. Me sentí muy contenta cuando finalmente se publicaron parte de mis microficciones, sobre todo porque son esas primeras que escribí. Algunas inclusive durante la adolescencia.

¿Cuáles consideras que son tus influencias?

Papá Bradbury y en estos momentos el Finnish Weird. En cuanto a mi manera de redactar, narradores franceses como Maupassant, por ejemplo.

¿Cómo ves el actual panorama literario en América Latina?

Fabuloso. Me encanta que finalmente se le dé al genero el lugar que se merece. Cuando empecé recuerdo a un escritor maistream que me preguntó por qué escribía subliteratura… años después él escribió un libro de vampiros.

¿Qué libros o autores nos recomiendas?

Papá Bradbury por supuesto, especialmente las Crónicas Marcianas. De los más cercanos, me encanta lo que escribe Daína Chaviano, Johanna Sinisalo, Anne Leinonen… Les recomiendo los libros que mujeres que están publicando Cristina Jurado y Lola Robles (Insólitas, en especial)… es difícil, hay tanto bueno que leer.

¿En qué proyectos te encuentras trabajando en la actualidad?

No me gusta hablar de mis proyectos, así que solo diré que me encuentro escribiendo para algunas antologías y trabajando en la traducción de un libro mío.


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